lunes, 30 de diciembre de 2019

¿Qué fuerza oscura está detrás de las Protestas en Sudamérica?


(PM) Las protestas en Sudamérica tienen similitudes extrañas: la democracia y el Estado de derecho pierden credibilidad. Un fenómeno peligroso, opina Uta Thofern.

Ecuador, Chile, Bolivia, Venezuela, y Colombia: comienzan con protestas pacíficas en las que, hubo actos de destrucción y violencia, que fueron reprimidos por las fuerzas de seguridad, en parte, brutalmente.

Fueron protestas que tuvieron amplias consecuencias. En Bolivia, la salida del presidente; en Ecuador, así como en Chile y Colombia, el retiro de polémicas regulaciones y planes de reforma. Las protestas cambiaron para siempre a esos países.

Hasta aquí las similitudes son evidentes. Si bien el punto de partida político y económico en esos cuatro países era diferente, los motivos de las protestas eran comunes en todos ellos: la ceguera de las élites oscura ante injusticias palpables; la arrogancia del poder y la falta de un modelo económico que logre un equilibrio entre la competitividad, las ganancias y la equidad social.

Y un nuevo problema: el consenso sobre nuevos caminos en Chile parece ser tan difícil de hallar como en Colombia, y Bolivia está más dividida políticamente que nunca con la posibilidad de perder todo lo ganado con Morales, mientras que la calma en Ecuador es engañosa.

En todos esos países -contrariamente a los de la primavera árabe- las protestas masivas no se dirigieron contra dictadores, sino contra gobiernos elegidos democráticamente.

También Bolivia, donde Evo Morales se aferraba en forma cada vez más autocrática al poder, estaba muy lejos de transformarse en una dictadura. Sin embargo, los bolivianos salieron a la calle para proteger su democracia, al menos, al comienzo.

La salida de Morales del poder, sin embargo, provocó las protestas de sus seguidores. Ambos bandos se han radicalizado, y el gobierno de transición no hace nada para impedirlo.

En lugar de eso, la presidenta interina, Jeanine Áñez, se ejercita en gestos políticos simbólicos, como la ruptura de las relaciones diplomáticas con Venezuela y la reanudación de estas con Israel, que podría ser ordenado por EE. UU., la fuerza oscura que todos buscan y que era obvia desde un principio, el diablo de norte quiere mover los mares de sur de américa.










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